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Confucio señala en el Lunyun que “todas las naturalezas se educan” y que “desde el más alto en el cargo hasta la persona más pequeña y simple, todos se deben ante todo, al perfeccionamiento de sí mismos y esto se logra mediante la introspección y el estudio. Porque saber qué sabe y qué no sabe, es la virtud del que sabe”. Agreguemos a esto que la virtud de la academia es el diálogo inter disciplinar de saberes, es la dialéctica de los conocimientos, es el cultivo del cuerpo, la mente y el espíritu… por eso no es extraño que la enseñanza siempre esté ligada a los jardines, a los campos, como el cultivo del hombre y al conocimiento como su fruto. No resulta extraño entonces que YURUPARY precisamente signifique “El hijo de la fruta”. Yurupary, procura y busca esa interdisciplinariedad, ese aprender por el simple gusto de aprender, de adquirir y compartir conocimientos, (por eso los exámenes y evaluaciones son innecesarios, pues cada cual es consciente de su deseo y progreso en el aprendizaje, responsable de su autoexigencia…) fecundar y producir ese “hijo de la fruta” que es el conocimiento sin importar la edad, sexo, religión o condición social. A Yurupary se llega con el principal requisito de querer aprender y saber, en un aprendizaje continuo y temático que no lo ofrece la academia formal, y con una diversidad temática y docente con la que muy pocas instituciones pueden contar, que toma caminos comunes y no tan comunes, dentro de las historias, las artes audio visuales (literaturas, música, plástica, fotografía…), las geopolíticas pasadas y presentes, las religiones, los pensamientos, las letras, las imágenes, sonidos, olores y sabores… para enseñar y aprender. Una sesión de clase es además, una provocación, una invitación, una motivación, para continuar el asombro y el aprendizaje en la vida cotidiana. Por esto es que es rico enseñar y sobre todo, aprender en Yurupary y como dice la leyenda homónima, llegar a ese lago, entrar a ese bosque y comer la fruta para ser merecederos del sol. Sergio Cano Profesor de Humanidades
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Docente Claudia Ivonne Giraldo |
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Una Academia como una casa Se dice que la mayor felicidad es poder trabajar en lo que uno ama. Para quienes esta premisa es no solo cierta, sino una manera de vivir, irrevocable, poder realizar ese amoroso trabajo en un lugar cálido y acogedor y al mismo tiempo serio, organizado y eficiente, es un placer, una alegría y una dádiva. Yurupary es una Academia Cultural que realiza una labor incuestionable en nuestra ciudad y en el país, con la calidad que da el que sus directivas tengan una disposición por la excelencia y por la dimensión humanista de la educación; que sus profesores puedan adelantar sus programas sin imposiciones y con total libertad; que sus estudiantes de todas las edades puedan sentir cuando se abre la puerta para acudir a sus clases, que han llegado a casa. Pocas veces confluyen cualidades tan grandes en una sola institución. Yurupary es la casa de todos y al mismo tiempo es una Academia que tiene tras de sí más de veinticinco años de trabajo ininterrumpido. El trabajo académico implica dedicación y seriedad; pero enseñar es más que la responsabilidad intelectual, que la investigación y el estudio. Implica que, por ejemplo, quienes asisten a clases quieran hacerlo y lo hagan por el puro gusto de aprender, de disfrutar del encuentro con otras personas que comparten similares intereses. No hay pues buen maestro sin buenos alumnos. Y de ellos hay abundancia en Yurupary. Tales confluencias me han brindado enormes alegrías y la constancia diaria de que tanto esfuerzo no es en vano, que la vida tiene significado en el camino elegido y que poder vivirlo en Yurupary es un verdadero privilegio. Claudia Ivonne Giraldo Profesora de Humanidades |
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Docente Mario Yepes Londoño |
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Cerca de año y medio ha sido mi vinculación con YURUPARY, gracias a la invitación de sus directoras y a la sugerencia de una exdiscípula y amiga. Para quien, como yo, la docencia durante cuatro décadas en los campos de la historia, del arte y de la literatura es mucho más que un trabajo, y más bien es la realización de un imperativo social y de un divertimento, YURUPARY representa la oportunidad de compartir una forma de elevación de la existencia y de cultivar amistades: eso es lo que he encontrado en los distintos grupos (y en su permanencia a lo largo de los semestres), mientras compartimos un viaje de alcances insuperables: el del conocimiento y el disfrute de las humanidades. Alternar con personas que ven estos objetivos de manera desinteresada, sin propósitos pragmáticos sino por el estricto interés del mejoramiento como seres sociales, ha sido una experiencia apasionante. Deseo a YURUPARY muy larga y merecida vida de contribución al desarrollo espiritual del país. MARIO YEPES LONDOÑO Profesor de Humanidades
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Testimonios de Nuestros Docentes |
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Estas son las experiencias que han tenido nuestros docentes en nuestra institución. |
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